Mucha gente que se jubila piensa que la ciudad no es lugar para personas de su edad. Es cara y la vida es complicada. Aguantaron allí mientras estaban en activo, pero para esta etapa de su vida, prefieren sitios más tranquilos. Trasladarse a la costa es una buena opción. Se gana en calidad de vida y, aunque no lo parezca, la pensión da más de sí. Lo vemos en 7 ejemplos que hemos buscado para ilustrarlo.
Muchos jubilados extranjeros han escogido el litoral español para vivir. Son conocidas por todos las nutridas comunidades de pensionistas británicos y alemanes que viven la mayor parte del año en destinos de costa de Mallorca, de las Canarias y del litoral mediterráneo español. Si es bueno para ellos, ¿por qué no lo va a ser para los pensionistas del país?
Este movimiento demográfico ha transformado lugares que, hasta hace unas décadas, se pensaba que solo tenían vida en verano, en enclaves residenciales estables. Dotados con los servicios necesarios para llevar una vida cómoda y tranquila durante todo el año: tiendas, supermercados, restaurantes, centros de salud…
Todo esto sin olvidar que las temperaturas al lado del mar siempre son más suaves, que disfrutas del sol casi todos los días del año y que puedes salir a pasear por la playa cualquier mañana que te apetezca.
Solo hay un pero. Los dos meses de temporada alta de verano: julio y agosto. En la que la población de estos destinos se multiplica. En la que la playa se masifica. Y en esa cafetería en la que cada mañana bajas a tomarte un café con una ensaimada y a leer el periódico, puede ser que no encuentres mesa y que el camarero no dé abasto a servirte. Aunque seas un cliente fijo. Pero ese es el tributo que se paga por vivir en el paraíso.
Te presento 7 lugares costeros de España donde vivir a cuerpo de rey con una pensión no es una quimera.
Malascañas (Huelva).
¿Te imaginas vivir en un parque natural con los servicios propios de una ciudad? ¿Estar rodeado de dunas y de pinares salvajes por un lado, y una playa de arena fina por el otro? ¿Salir a pasear por el campo por la mañana y parar a comer “pescaíto frito” que se ha pescado ese mismo día mientras miras el mar, sin que para eso tengas que darle un tajo a la pensión? En la playa de Matalascañas es posible.
Perteneciente al municipio de Almonte (Huelva), Matalascañas es la única playa urbanizada dentro del parque nacional de Doñana, reserva natural de la biosfera y uno de los espacios naturales más importantes y bellos de Europa.
Matalascañas tiene una población estable durante todo el año de 2.775 habitantes. Y como nos cuentan los agentes de Inmodoñana, una agencia inmobiliaria que encabeza las ventas de inmuebles en este núcleo urbano desde 1998, dispone de una gama amplia de servicios que funcionan durante todo el año, no solo en temporada alta: un centro de salud, farmacias, restaurantes, supermercados, estancos, librerías…
Irse a Matalascañas no es irse a vivir a un pequeño pueblo de pescadores en mitad de la nada. Es un complejo turístico que se ha ido transformando en ciudad debido a que mucha gente ha decidido quedarse a vivir allí todo el año, maravillada por el entorno natural que lo rodea y por la tranquilidad que se respira en sus calles.
Águilas (Murcia).
En Águilas nació el actor Paco Rabal. Todos los oriundos de esta ciudad que hace frontera entre la Región de Murcia y Almería están orgullosos de decirlo. Paco encarnaba el espíritu de las gentes de este rincón del Mediterráneo. Lo hacía en su persona y en personajes que interpretó en el cine y en la televisión, como en Juncal, la serie que dirigió Jaime de Armiñán en 1988, o en la película “Truhanes”, que dirigió el director de cine Miguel Hermoso y que Paco Rabal protagonizó junto a Arturo Fernández. Personajes que pareciesen que fueron escritos para él. En la pantalla y en la realidad, Paco Rabal era simpático, entrañable, guasón, disfrutón, generoso. Como la gente de Águilas que he conocido.
Y es que en Águilas no se necesita mucho para gozar de la vida. Una temperatura que no baja de los 19 grados centígrados en todo el año, una sucesión de pequeñas calas encadenadas, algunas de ellas semivírgenes, a las que se accede desde un terraplén que baja del monte y un carnaval que, como cuenta su web oficial, Carnaval de Águilas, tiene más de 200 años de historia y desde el 2015 fue declarado fiesta de interés turístico internacional.
A pesar de su belleza, Águilas no es destino turístico al uso. No ha experimentado un desarrollo urbanístico ligado al turismo como otras ciudades costeras. En primer lugar, porque la orografía del terreno no lo permite y, en segundo lugar, porque el pueblo no lo necesita. Águilas vive de la agricultura, de la pesca y de algo de industria, como los talleres ferroviarios. Pero vivir allí es disfrutar del Mediterráneo en pleno esplendor.
Nerja (Málaga).
Nerja es una ciudad alojada en nuestra memoria colectiva. ¿Quién no se acuerda de la muerte de Chanquete? El barco de Chanquete estaba en la playa de Nerja. Hasta este rincón malagueño se desplazó Antonio Mercero en 1981 para dirigir “Verano azul”. Una de las series más vistas de la historia de la televisión en España. Entre otras cosas, debido a sus múltiples reposiciones. Varias generaciones hemos crecido viendo una y otra vez las aventuras de los niños Piraña, Tito, Quique, Javi, Pancho, Bea y Desi en aquel verano que les cambió, y nos cambió, la vida a todos.
A pesar de su fama, la ciudad de Nerja es completamente accesible a todos los bolsillos. Se escapa del lujo y la exclusividad de la Costa del Sol. De Marbella y Puerto Banús. En Nerja aún puedes invertir los ahorros de una vida en comprar un apartamento, sin tener que pedir un préstamo al banco.
Nerja también es famosa por sus cuevas. Una de las grutas más extensas y mejor conservadas de Europa, con impresionantes estalagmitas y pinturas prehistóricas. Un lugar que, como recuerda el blog Barceló Experiences, fue habitado desde hace 25.000 años. Es uno de esos rincones que, cuando el hombre los descubre, no quiere apartarse de ellos.
Oliva (Valencia).
La costa de Valencia es el destino turístico preferido de los habitantes de Madrid. En línea recta, es la playa que coge más cerca a los madrileños. Oliva se encuentra entre Gandía y Denia. Pero a diferencia de estas dos ciudades, que se han orientado más al turismo de masas, aunque Dénia últimamente está enfocada en un turismo de mayor poder adquisitivo, Oliva se ha mantenido un poco al margen.
Esto hace que esta ciudad sea más asequible a la hora de comprar o alquilar vivienda. Y permite entrar mejor en contacto con las costumbres y el estilo de vida de los valencianos. La paella de los domingos y la partida de mus en el bar.
Oliva también tiene un casco antiguo medieval bien conservado. Ligado a la importancia que en su día tuvieron los condes de Oliva, de la familia de Osuna, de la que se conserva aún el palacio condal, y a la presencia de los mozárabes que, como cuenta el magazine Olivanova, vivían en El Raval, un barrio de casas blancas encaramadas a la roca, aún habitadas. Y que subían por calles estrechas, empinadas y serpenteantes, hacia el castillo de Santa Ana, hoy en ruinas.
Aunque Oliva sea menos conocida que sus localidades vecinas, no tiene nada que envidiarle a sus playas. Las playas de dunas de Oliva siempre se han caracterizado por la calidad de sus aguas y por los servicios que ofrecen.
Un sitio perfecto en el que retirarse para los amantes de esta parte del Mediterráneo.
Puerto de Mogán (Gran Canaria).
Las Canarias son otro lugar idílico en el que retirarse. Un paraíso en el que vas a disfrutar de una climatología envidiable y de una tranquilidad a prueba de bombas. Así son los canarios, que nada les perturba.
De todos los maravillosos rincones que nos ofrecen las islas Canarias, nos hemos querido fijar en Puerto de Mogán, un lugar que, según indica Infobae, tiene 300 días de sol al año. Unas 4.800 horas de luz solar. Un sitio perfecto para disfrutar de una temperatura agradable y de un cielo despejado durante la mayor parte del año.
Puerto de Mogán pertenece a Mogán, un pueblo de más de 21.000 habitantes ubicado en el sur de la isla de Gran Canaria. Como sucede con la playa de Matalascañas, de la que ya hemos hablado, es un núcleo urbano que ha adquirido entidad propia. Y que dispone de todo tipo de servicios básicos igual que un barrio de una ciudad.
Pero Puerto de Mogán es mucho más que sol y buen tiempo. Es un lugar único, repleto de canales. En Canarias se le conoce como la “pequeña Venecia”. Esto se debe a que una parte del núcleo urbano está atravesada por una red de canales que se comunican entre sí por medio de puentes y donde hay 246 puestos de atraque para embarcaciones pequeñas.
En otro tiempo, Puerto de Mogán fue un puerto pesquero; hoy la mayor parte de la superficie la ocupa el puerto deportivo. Lo cual no ha hecho que pierda esa esencia de barrio de pescadores que siempre ha tenido.
El Grao de Castellón.
Cambiamos de registro. Dejamos ahora de hablar de pueblos costeros o de playas que se han convertido en un núcleo de población estable y pasamos a hablar del barrio de una ciudad. El Grao es el barrio del puerto de Castellón de la Plana. Capital de provincia.
Con el puerto a un lado y la playa pegada al mismo, el Grao siempre ha estado habitado. Era el barrio de los pescadores y de la gente que trabajaba en el puerto. Un barrio humilde, pero agradecido.
En los hechos, el Grao más que un barrio es una pedanía. Está separado físicamente de la ciudad por un espacio de unos 5 km sin urbanizar, según la web Rome2Rio. Esto quiere decir que, si quieres ir del Grao al centro de Castellón, tienes que coger el coche o el autobús urbano.
En el Grao se tiene una buena calidad de vida. Centro de salud, colegios de primaria, tiendas, supermercados, restaurantes y una vida vecinal bastante activa. Se respira orgullo de barrio.
Lo más interesante de todo, y es por lo que nos hemos querido salir de la pauta, es que puedes vivir en un lugar tranquilo de playa con todos los servicios de una capital de provincias a tiro de piedra: hospitales, universidad, cines, teatro, centros comerciales. Solo con conducir el coche 5 minutos.
Debemos remarcar lo de tranquilo. Puesto que el Grao, aunque tiene sus chiringuitos de playa y su área de aparcamiento de autocaravanas, no recibe un turismo masivo en verano. Este turismo se desplaza más hacia localidades cercanas como Benicàssim.
El Mar Menor (Murcia).
Para concluir, terminamos con un clásico. Aunque el Mar Menor preocupa a los murcianos por la contaminación de sus aguas, a esta albufera y todo el entorno que lo rodea les queda aún mucha vida.
Localidades como San Javier, Los Alcázares y San Pedro del Pinatar, que rodean todas ellas al Mar Menor, continúan siendo lugares agradables en los que plantearnos vivir la vejez. Situadas a pocos kilómetros de distancia unas de otras, entre todas ofrecen un abanico de servicios que cubren las necesidades de cualquier persona mayor.
La popularidad del lugar no lo ha convertido en un sitio prohibitivo. El periódico La Opinión de Murcia habla de La Manga del Mar Menor como el paraíso de los pensionistas. Un lugar en el que vivir junto al mar, con todo tipo de servicios, por menos de 80.000 €. El precio por el que se pueden adquirir una gran cantidad de casas unifamiliares y chalets en la zona. Algo que sería impensable en otras localizaciones similares.