Suéltate la melena y vive

22 agosto, 2014
Suéltate la melena y vive

hanna 123

La hipoteca. Ese monstruo gigante que parece no tener fin. Empiezas a pagarla a los 28 y acabas cerca de los 80. Bueno, eso al menos era antes porque como ahora no hay manera de empezar con tanta “juventud” acabas estando de alquiler casi toda tu vida y cuando pretendes comprar una casa te das cuenta de que jamás acabarás de pagarla.

Es la pesadilla de los propietarios, de los jóvenes del S.XXI y de las madres porque, seamos realistas, ellas también quieren ¿qué digo quieren? necesitan que tengamos una casa propia.

Debido a ese gran gigante la mayoría de jóvenes que tienen la suerte o la desgracia de tener una hipoteca a sus espaldas tienen realmente difícil salir de vacaciones. Da igual que mires casitas de madera en campings, o una pequeña pero cómoda tienda de campaña, el resultado siempre es el mismo: no podemos permitírnoslo.

¿Pero sabéis qué? ¿Quién me devuelve mis años de Juventus? Años no vividos por miedo a gastar más de lo debido y luego no poder pagar el seguro del coche. Y cuando digo más de lo debido no hablo de despilfarrar o de hacer una locura de miles de euros, no. Hablo, como mucho, de hacer una pequeña escapada o de comprarte ese vestido de marca que tanto te gusta y prefieres no mirar en el escaparate para ir directamente al mercadillo, que no es nada malo pero ¿quién no quiere darse un capricho de vez en cuando?

Yo me he plantado. Me he hartado de mirar por el futuro siempre, cada segundo, cada milésima de nanosegundo y de no poder hacer nada, por si acaso, así que me voy, me voy a ver La Pedrera, el Parque Güell y el Museo de Cera. Me voy a Barcelona y me voy a  alojar tres días en uno de los mejores hoteles de la ciudad donde el servicio es impecable y el precio no es desorbitado, me voy a alojar en Mecer Hoteles. Y si salgo a la calle y me apetece sentarme en una terraza para tomarme una caña lo voy a hacer porque soy joven, tengo que vivir, y si siempre estamos agobiados con lo que no sabes si pasará o no te pierdes los 525.600 minutos que tiene un año, segurísimo.

Con esto no quiero provocar que todo el que lea este post se ponga el mundo por montera, coja la mochila y se lance a la aventura por Europa, sólo pretendo dar un toque de aire fresco a una parte de la sociedad que de vez en cuando debería soltarse un poco la melena.

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